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| Crisis hospitalaria en Venezuela | Juan Carlos Neira |
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El hospital Luis Ortega de Porlamar está en crisis.
El único centro de salud tipo IV del estado, que recibe casi 80% de los
casos de la región, tiene déficit de personal médico y de equipos y
materiales, y las condiciones en que se encuentra impiden una adecuada
atención a los pacientes.
Los usuarios del hospital aseguran que en muchas ocasiones les toca
comprar los materiales e implementos porque en el centro de salud no
hay.
"Yo traje a la niña porque la mordió un perro. Tuve que comprar la
vacuna antirrábica, la antitetánica y hasta la inyectadora porque aquí
no había", indicó Gloria Rodríguez.
Angélica Rivas señaló que tuvieron que adquirir un equipo para el parto
para su hermana que acudió a dar a luz, porque en el hospital les
dijeron que sin eso no la podían atender. "Hasta la gasa y la batica
azul para ella la tuvimos que comprar en la farmacia", explicó.
Las quejas de pacientes y familiares son múltiples, y van desde el
excesivo tiempo de espera para ser atendidos en la emergencia hasta las
malas condiciones de la estructura del hospital.
"En la emergencia ni los tomacorrientes sirven y eso es un desorden. Se
supone que los enfermos necesitan tranquilidad y no la hay. ¿Dónde
están las mejoras que tanto anuncian? Los hospitales están más enfermos
que los pacientes", afirmó Rosa Guía, quien esperaba para poder ver a
su hermana que fue ingresada por un dolor abdominal.
A mediados de año, la familia Malavé vivió semanas de agonía. Rubén
Malavé sufrió un accidente cerebrovascular y acudió dos días seguidos
al hospital sin ser atendido. Las enfermeras le dijeron que había
sufrido un infarto, y permaneció en una silla de la emergencia por
varias horas, hasta que lo mandaron de vuelta a su casa. No había camas
para ingresarlo ni cardiólogo para asignar el tratamiento.
La familia decidió ir a la Clínica Bolivariana Nueva Esparta, donde la situación era igual.
Tuvo que esperar dos días más para ingresar, por falta de camas. Allí,
finalmente, lo atendieron y diagnosticaron que no se trataba de un
infarto.
Pero si los vivos la pasan mal, los muertos no la pasan mejor.
Iris Angulo manifestó que su padre sufrió un infarto cuando se encontraba solo en su casa.
Lo llevaron de emergencia al hospital, pero ya había fallecido. Además
de la tristeza por su pérdida, tuvo que ver el cadáver de su padre
"tirado en el piso, sin ropa, en plena sala de emergencia".
"Lo lanzaron en el piso, ni siquiera pudieron ponerlo en una camilla o
sobre una sábana, mientras le avisaban a la familia. Cuando llegamos,
sin saber lo que había pasado, la médica de guardia nos dijo que
pasáramos a retirar al muerto, sin explicación previa o tacto alguno
para dar la noticia", relató.
En la morgue sólo funciona una nevera y los familiares de los occisos
deben aguardar hasta 48 horas para que les entreguen los cadáveres.
"Esperamos a pleno sol porque la sala de espera está cerrada, y aquí no tenemos ni baño.
Mi sobrino murió en un accidente de tránsito y ya ha pasado un día y no lo han entregado", dijo Maribel González.
En terapia intensiva. El presidente del Colegio de Médicos, José
Antonio Narváez, aseveró que el déficit de residentes en los centros de
salud públicos supera 80%. En el caso del hospital Luis Ortega, de 89
médicos que se requieren en las áreas de pediatría, traumatología,
medicina interna y cirugía, sólo hay 40, lo que incide en la atencións.
El principal centro de salud de Porlamar fue diseñado para albergar a
300 usuarios en el área de hospitalización. Sin embargo, de acuerdo con
estadísticas extraoficiales, mensualmente recibe más de 600 personas, y
en varias oportunidades los enfermos son devueltos a sus casas o
remitidos a otros centros, pues no hay camas suficientes para
brindarles atención médica.
"El hospital trabaja a su máxima capacidad, los pacientes de la
emergencia no tienen camas para permanecer en el lugar y en las áreas
de hospitalización el centro está repleto. Eso incide en que muchos
deben acudir a clínicas privadas, que también están abarrotadas",
aseguró Narváez.
Pero la situación más grave se presenta en los quirófanos. De los ocho
que deberían estar en funcionamiento, sólo cuatro están habilitados.
Los restantes están cerrados desde hace más de dos años por
remodelaciones. Los que sirven -uno de emergencia, uno de obstetricia y
dos para cirugías electivas- no se dan abasto para la cantidad de
cirugías que se realizan en la región, lo que, según Narváez, ha
generado una importante deuda quirúrgica con los pacientes.
"Hemos tenido que aplazar muchas operaciones porque no hay quirófanos,
y el hospital Luis Ortega es el único que cuenta con la infraestructura
para realizarlas", explicó.
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